Estos días todas las miradas están puestas en China, por una vez no es para admirar la inauguración de una nuevo gigantesco proyecto, o la inauguración de un sorprendente edificio, sino para asomarse al drama de millones de personas atrapadas en las ciudades del sur, sin poder regresar a sus casas para celebrar el Año Nuevo chino.
En primer lugar hay que recordar que las nevadas sin precedentes se han producido en el sur del país, donde es muy raro que sucedan, mientras que Beijing y otras regiones mejor preparadas para combatirlas, están disfrutando de un invierno relativamente suave. En segundo que los principales daños causados por las mismas han sido la interrupción de las líneas de ferrocarril y el corte del suministro de electricidad. Este corte en el suministro ha sido debido a que numerosas torres se han caído como consecuencia de la acumulación de nieve sobre ellas y su posterior helada, lo mismo que ha sucedido con los propios cables de transmisión eléctrica en numerosos lugares. Hablamos de cientos de kilómetros de cables rotos y torres derrumbadas y podemos hacernos una idea de la dimensión del desastre.
La interrupción del servicio ferroviario ha dejado sin posibilidad de regresar a sus casas a millones de personas, el lugar más afectado ha sido la ciudad de Cantón, donde fuentes oficiales hablan de 800.000 personas esperando regresar a sus hogares. Alguien pensará: ¿Por qué no vuelven a sus casas? El problema es que ya no tienen casas. Los trabajadores emigrantes llegan desde el interior de China a las fábricas de la costa del sureste, y allí trabajan casi a destajo, alojándose en los dormitorios de la propia fábrica, hasta el Año Nuevo, cuando regresan a sus casas. Al año siguiente no es seguro que trabajen en la misma fábrica. Las 800.000 personas que esperan en Cantón tendrían que volver por lo tanto a sus fábricas, y renunciar a las varias semanas en las que tienen oportunidad de disfrutar la compañía de los suyos. Si ya esta no es una solución por tanto muy agradable, hay que contar además con que muchas fábricas también han cerrado sus puertas y no tenían previsto abrirlas hasta finales de febrero, cuando esperaban el regreso de los emigrantes.
Como vemos una serie de circunstancias se han reunido en este momento para sembrar el caos en las vísperas del Año Nuevo. |